¿Tienes tu vuvuzela? ¿y tu makarapa? ¡Ya eres un bafana!

Armados con sus estridentes trompetas vuvuzela y portando con orgullo los imaginativos cascos makarapa, la colorida y ruidosa afición sudafricana promete convertirse en una de las grandes atracciones del primer Mundial que se celebra en suelo africano.

Con su grito de guerra ¡Bafana, bafana! (¡Muchachos, muchachos!), los hinchas locales quieren ser el auténtico jugador número 12 para su selección nacional, convencidos de que su estruendosa y multitudinaria presencia en los estadios será una poderosa arma psicológica contra sus adversarios.

“Esperamos poder intimidar a los equipos rivales. Nuestra selección está acostumbrada al ruido de los vuvuzela, pero las otras no. A lo mejor los desconcertamos”, dijo Eddied Dikgale, un operador de radares de 34 años, vestido con la elástica amarilla del conjunto sudafricano y agitando su vuvuzela.

Por las calles de todo el país se puede escuchar el ensordecedor tronar de estas sencillas trompetas, criticadas por algunos jugadores y técnicos que aseguran que el estruendo puede llegar a impedir que los futbolistas escuchen desde el terreno de juego las órdenes del banquillo.

Los makarapa, tocados o cascos plásticos, también tendrán un papel fundamental en esta Copa del Mundo, ya que traerán buena suerte a sus ídolos sobre el césped y recordarán a las aficiones contrarias quién tiene esta vez la mayoría en las gradas.

Los apasionados del fútbol pueden pasarse horas personalizando estos particulares tocados, unos cascos de plástico duro que originalmente eran utilizados por los mineros sudafricanos, y que tampoco se salvaron de la polémica, ya que muchos dicen que su tamaño podría molestar a otros espectadores.

La tradición se remonta a 1979, cuando Alfred Baloyi, un antiguo limpiador de 52 años, decoró de manera recargada un casco que le había regalado un amigo para protegerse de las botellas que en ocasiones volaban en los estadios de fútbol sudafricanos.

Ahora, esta curiosa seña de identidad se está expandiendo hacia otras aficiones y la fábrica que montó Baloyi recibe pedidos desde Brasil, España, Italia e incluso Alemania.

Los organizadores locales han impulsado una amplia campaña mediática e institucional para promover el apoyo a la selección pese a la poca tradición del conjunto sudafricano en competiciones internacionales, de las que estuvo vetado hasta 1992 por la segregación racial impuesta por el Estado.

Incluso inventaron el “diski dance”, un baile que trata de emular algunos movimientos futbolísticos y cuyos promotores dicen que rivalizará con La Macarena española o el mítico “moon walk” del fallecido Michael Jackson.

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